El pacífico guatemalteco aún tiene mucho que ofrecer. Los lugares y las atracciones que están implementándose en esta zona del país la convierten en una de las áreas turísticas de mayor desarrollo en los últimos años.

Un buen observador se quedará asombrado de los condominios establecidos en la carretera, los cuales prometen no sólo descanso, sino maravillas vacacionales de ocio a modo de parques acuáticos. En el departamento de Escuintla, dos municipios, Puerto San José e Iztapa, se disputan la atracción de turistas, que gracias a la magnífica carretera se comunican con la capital en una hora.

Puerto San José se ha considerado como uno de los principales centros turísticos del país. Mientras el viajero capitalino era el que generaba más visitantes, este puerto tenía su primacía asegurada. La afluencia de turismo internacional masivo, derivó el interés por diversos puntos de Guatemala.

La competencia ha sacado a este municipio del letargo en el que se había sumido, de horas en la hamaca, música y tragos; ya algunos empresarios del área están creando nuevas áreas de recreo, para dar una diferente perspectiva de ocio y diversión al lugar. De todas formas, es esa combinación de los restos de su pasado portuario, donde el gran muelle oxidado es atravesado por las olas, con las nuevas infraestructuras hoteleras, lo que le concede mayor encanto, en parte romántico y en parte moderno.

Ese algo más

Lo mejor es no quedarse parado y conocer todos los alrededores de esta zona, como los balnearios de Chulamar y Likín. Además, merece la pena desplazarse unos 12 kilómetros y conocer el municipio de Iztapa.

Situado en lo que fue el primer puerto del Pacífico, que data de los tiempos de Pedro de Alvarado, el municipio vivió su propio sueño tropical del que ha salido recientemente gracias a la industria de la pesca deportiva. Quizás por eso, Iztapa resulta tan agradable y tranquila, con pequeños hoteles y restaurantes en la playa.

El principal desarrollo de la naciente empresa turística de Iztapa se concentra en la aldea Buena Vista, un brazo del río María Linda en su desembocadura con el canal de Chiquimulilla. Se trata de una aldea que contaba con poco más de 200 habitantes, que vivían de las riquezas naturales propias del hábitat, pesca y agricultura.

El auge económico de la zona vino en parte por la ubicación cercana de una industria camaronera que exporta producto a todo el mundo, pero también al espíritu emprendedor de algunos habitantes de la zona. Así fueron surgiendo algunos de los primeros restaurantes típicos del puerto.

No hay mejores lugares para tomar ceviche y una limonada o cerveza bien fría, rodeados de brisa marina y belleza natural. En ese momento, el mundo de los compromisos y las obligaciones deja de importar, es hora de relajarse, de pasar el rato con los amigos o esa persona especial.

Hemingway 2000

Hace unos años un aventurero norteamericano salió en busca de la mejor pesca del mundo. Viajó por los mares del trópico, pero fue al llegar a Guatemala cuando descubrió las aguas que los peces vela surcaban por cientos y el deporte de la pesca se convertía en un reto sin igual.

Se llamaba Tim Choate y se radicó en la aldea de Buena Vista, Iztapa, para poder vivir la lucha que el novelista Hemingway narraba en El viejo y el mar, pero multiplicada por mil. Porque los que viven este tipo de pesca dicen que nunca pueden olvidarlo.

El pez de boca espinada y aleta ondulante salta orgulloso sobre las olas cuando lucha con el pescador. Su gran figura recuerda a los animales prehistóricos o al legendario submarino Nautilus, que inmortalizara Julio Verne.

La imagen de esa bella creación de la vida, su fuerza de inagotable poder, deleita cada vez a más aficionados que eligen la costa guatemalteca para disfrutar de este deporte. Una práctica que ha hecho que el país reciba una mención honorífica por los esfuerzos realizados para la conservación de esta especie. Porque los deportistas, respetuosos del valor del pez vela, lo devuelven al mar.

Eso sí, aparte de alusiones literarias, la práctica de esta pesca está vetada a la gente común, ya que según fuentes del INGUAT, cada uno de los visitantes deja la bonita cantidad de seis mil dólares semanales (Q48,000.00), cuando se dedican a esta modalidad deportiva.

Fuente: Viaje a Guatemala

Una escapada al puerto

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